martes, 2 de febrero de 2010

Colgando en silencio

Bueno el día de hoy fue tranquilo solo tuve que estar de chimpancé todo el viaje desde SJL, hasta el cruce de la Av. Angamos con la vía expresa de las 9:30 am, a las 10:40 am, pero esto no es algo desconocido en la línea SO-08, que normalmente tiene mucha gente que transportar como bulto o animales por todo Lima.

Luego de surfear por el pasadizo del bus entre politos manga cero, tops ajustados y un par de dueños de las panzas más cheleras que existan, llegue a un columpiado tendal de animales humanos, para acuñar mis brazos flácidos y estar en el punto de ser arrancados por el paso de tres señoras (que creo trabajan en Gloria), balanceándose con la curva de salida hacia la Av. Próceres, mientras que uno esperando a que pueda sentarse aunque sea un segundo y que el pintoresco joven de aretes verdes pueda abrir la ventana, puesto que el calor se esta volviendo insoportable.

Llegando a Acho esto se vuelve tan indescriptible, pasajeros que están en la puerta de la pista del hipódromo, que esperan el disparo para salir corriendo… ¡Ahí va! sale como rayo el Universitario, tres cabezas atrás se encuentra Mamá con botas, le sigue de cerca el Mariscal, pero cae aturdido por el paso de Chicha Morada, ¡pero no puede ser! yo también estoy a punto de salir, la gente empuja y esto se convierte en un gol para la barra brava, estupendo tengo tres pisotones, la camisa empezando a sofocarme y el celular de collar.

Por fin la marea baja y se empieza a disipar la gente por toda la Av. Abancay, pero aún sigo colgado, pero reaccionó y me acomodo rápidamente antes de ser acomodado nuevamente, siguen siendo inexistentes los asientos libres, pero uno puede respirar.

Rebasando la Av. Manco Cápac, sube ágilmente una señora que ve un asiento justo delante mío, pero ni escuche el “con permiso” y me encontré tropezando con el señor de los caramelos que abre su puesto con un festival de música cumbia, mezclados al ritmo del peine y latón.
Cansado y con sudoración en las manos, contemplo a una bella señorita que me da de miradas, el ego se me levanta, me acomodo la camisa y consigo sacar una sonrisa picara, pero de pronto se voltea fastidiada, creo que aquellas miradas eran para el policía (sinceramente un gorila) que estaba al costado mío.

Pisoteado, cansado, con el ego por las suelas, consigo callar mi pensamiento, ponerme en silencio completo y me encuentro varado en aquel pasadizo, colgando de aquel tendal. Benditamente la Av. Angamos esta a una cuadra y yo aun sigo de pie, mientras tres asientos están libres a mi alrededor.

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