Un día realmente bueno para aquel que se mantenga fresco en una trusa o tal vez en un pantaloncillo a la cadera, pero hay algunos personajes como su servidor que tiene que subir a un Bus con un bibidi y una camisa completamente limpia, quedarse sin sudar y mantener una temperatura de Iceberg en pleno mar del Caribe, pero en este caso no puedo contener aquella calentura personal y aquel escozor que a uno lo sostiene de aquel aluminio inquebradizo del cual uno se resbala al momento de ser rozado por inflados individuos.
Claro esta el camino relleno por el pasadizo entonces, uno debe mantener la camisa al nivel –a pesar de ser freelance por el momento se planchar muy bien-, tratar de no rozarse mucho a la señito con el bebe que lo trae con los pies al techo, o del re-crujiente comensal que empieza a desayunar en el pasadizo. Ni pensar de aquella señorita que se puso a mi costado y tiene un escote que me enrumba a placeres carnales –donde solo le digo al muchachón que se calme, porque gracias a él empiezo a sudar y no hay quien me pare-, pero soy serio, perspicaz y muy caballero el cual no tiene ninguna intención de sofocarse con su excitación, entonces me doy vuelta hacia un costado pero me gano con el cóndor pasa -maldita sea un desodorante esta desde setenta céntimos-, nunca pensé que bellas señoritas que puedan tener como labor el comercio en aquella gran Avenida Abancay -si lo desean describir de otra manera, como mercado central no hay problema-.
Sofocado por los olores momentáneos, con las bubbies preciosas de una mujer y las miguitas del sanguchón de aquel hambriento ser, me digno a bajar en la Avenida Angamos, donde me encuentro sumido en una sudoración impresionante, tenia reunión en aquella institución y me digne corriendo a alquilar un hotel para un soslayo baño.
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