Siendo jueves, parpadee para escribir un momento cotidiano, del cual uno va en un asiento con compañía solar –ósea donde el sol esta aprovechando la curva del líquido vitral, para aprovecharse en quemarte la piel-, contemplo que la custer se empieza a convertir en camión de carga con colgantes carnes humanas, y al cual veo un porfiado joven acostumbrado a tener un vicio visual que no es nada cotidiano ver –refiriéndome exactamente al como se comporta-, con su miope ver -a pesar que no lo es- a una persona con una gracia en su escote tan pronunciado, y puesto que yo estaba sentado unas dos filas mas atrás, no tendía a ver todo lo que el congraciadamente tenia en su iris viril.
Aquel sujeto tenia un interés de volcársele con los ojos, que algun usuario salio de la custer, y el individuo corrió como trapo de cordel en aquel pasadizo para conllevar su existencia al giorno de aquella dama presunciosa, con el poder de amamantar –a pesar de no ser madre- a suyos y extraños. Los ojos saltones del tipo le hicieron una curva corporal a casi llegar a besar la piel blanca de aquella mujer, mientras que yo insípido de razón y calor, solo atine a perder la mirada en el ventanal que quemaba mi brazo blanquecino y perderme en el diario caminar de gente en la Av. Arequipa.
Pasadas cuatro cuadras el juvenal fui sacudido, puesto la señorita le dio un par de lapos por el frufrú que le brindo. Lo interesante que no fue de telas si no de pieles, una de ellas fue labial.
Un dia de bus en Lima
jueves, 25 de febrero de 2010
miércoles, 24 de febrero de 2010
Inframundo Caviar
En muchos de estos días estuve pendiente de un caminar sin nada de buses, troté como en alguna vez de universitario –fino- que perdía el trabajo y lo dejaban botado en la enrollable puerta -plop- que tenia un vociferado anuncio “Se alquila”, abandonándome en un momento de incertidumbre del “que hago ahora”.
Entonces en uno de esos días del cual no comprometía a mi razón y solo seguía mi pasión pesimista del querer seguir existiendo, converse con una bella mujer –que la de cual dependo en cierta manera, y que me enamora su mirada-, y la cual no aceptó mi trabajar por las noches, como un apestoso freelance de conocimiento y experiencia –talvez si hubiese puesto mi cuerpo a venta igual seguía misio-.
Con tanto pesar y bazofia en mi cerebro, me dispuse a caminar por aquellas calles Miraflorinas a un centro de Lima cruzando de la Av. Arequipa a la Av. Petit Thuars y de un correr a Breña por aquel recuerdo de aquella mujer tan bella que conocí por primera vez al frente de un comercio celular –y de la cual escribí hace unos años atrás-, o de la vez que conlleve unos días bellos con mi exnovia en aquel motel dos estrellas que no estarán partidos nunca más.
Remontando todo ello llegue a la Av. Uruguay con cruce al Jr. Washington en el centro de Lima, donde las beatas con insolencia se precipitaban en paños intrigantes, de un dudoso decidir de varón a mujer; pero aquel no era el momento de preguntar del costo de una caja sexual –bastaba más talvez seria un brócoli, disculpándome por este desentender de emociones; pero son sólo porque soy maniaco depresivo-.
Entorpecido entre la razón y la sinrazón, entre a un hotel para mi descanso laboral, después de haber remojado mi cuerpo en un baño con fría agua, me dispuse a fumar en un tercer piso del no tan nombrado hotel, a lo cual conlleve a la angustia sideral de una fémina –genuina, ósea de verdad- colgante de un barandal enrejado y silbando a este su servidor. Pero yo talvez no sea un ser precoz con su real timidez, solo atiné a regocijar un gesto de aceptación y para luego ser descontado con unos pechos exhortados al vacío negro de la noche; del cual escape apresuradamente, pues aquella ventana era apreciada a la ninfomanía de una mujer vulnerada a la libertad.
Dos horas después entendí esa pradera nocturna de sabios pensadores, literatos imberbes, poetas caídos y ventanales reventados por pandilleros soñadores, y al salud de una acompañante furtiva, que se escapa de su verdadera sexualidad o de la libertad que nunca concibieron entender, que pude decir soy feliz aunque sea en el inframundo con un frío caviar.
Entonces en uno de esos días del cual no comprometía a mi razón y solo seguía mi pasión pesimista del querer seguir existiendo, converse con una bella mujer –que la de cual dependo en cierta manera, y que me enamora su mirada-, y la cual no aceptó mi trabajar por las noches, como un apestoso freelance de conocimiento y experiencia –talvez si hubiese puesto mi cuerpo a venta igual seguía misio-.
Con tanto pesar y bazofia en mi cerebro, me dispuse a caminar por aquellas calles Miraflorinas a un centro de Lima cruzando de la Av. Arequipa a la Av. Petit Thuars y de un correr a Breña por aquel recuerdo de aquella mujer tan bella que conocí por primera vez al frente de un comercio celular –y de la cual escribí hace unos años atrás-, o de la vez que conlleve unos días bellos con mi exnovia en aquel motel dos estrellas que no estarán partidos nunca más.
Remontando todo ello llegue a la Av. Uruguay con cruce al Jr. Washington en el centro de Lima, donde las beatas con insolencia se precipitaban en paños intrigantes, de un dudoso decidir de varón a mujer; pero aquel no era el momento de preguntar del costo de una caja sexual –bastaba más talvez seria un brócoli, disculpándome por este desentender de emociones; pero son sólo porque soy maniaco depresivo-.
Entorpecido entre la razón y la sinrazón, entre a un hotel para mi descanso laboral, después de haber remojado mi cuerpo en un baño con fría agua, me dispuse a fumar en un tercer piso del no tan nombrado hotel, a lo cual conlleve a la angustia sideral de una fémina –genuina, ósea de verdad- colgante de un barandal enrejado y silbando a este su servidor. Pero yo talvez no sea un ser precoz con su real timidez, solo atiné a regocijar un gesto de aceptación y para luego ser descontado con unos pechos exhortados al vacío negro de la noche; del cual escape apresuradamente, pues aquella ventana era apreciada a la ninfomanía de una mujer vulnerada a la libertad.
Dos horas después entendí esa pradera nocturna de sabios pensadores, literatos imberbes, poetas caídos y ventanales reventados por pandilleros soñadores, y al salud de una acompañante furtiva, que se escapa de su verdadera sexualidad o de la libertad que nunca concibieron entender, que pude decir soy feliz aunque sea en el inframundo con un frío caviar.
Gemidos vecinales
Después de unos quistes en una vivencia hotelera con las entrevistas imprevistas del gemir grandioso de aquel vecino de habitación y con el ser cognitivo que llevo -para ser mas claro el estrepitoso sexo que me encanta-, me hace distar la realidad de noches mezcladas de alcohol y mujeres frenadas por un pensar apesadumbrado por el pasado mío.
Encontrando este síndrome de emociones, llego a pensar que el problema normal de sociedades predestinadas a estar en el stablishment, siempre están combativas -sexualmente hablando-, en el mutuo aborto cerebral del cual nos conlleva al desperdiciar momentos laborales y complementarlas con placeres corporales. Para luego desembocar en torcidos amaneceres, de los cuales son un arrepentimiento con embarazos procaces y lamentablemente acongojados de ladinas mujeres, que solo piensan en una noche frugal de semen y orgasmos.
El sexo es todo, el punto aparte y final, sin obviar el coma –sexo oral-. El día que comprenda mejor del porque debería estar pegado a una vagina, y estar pensando con la virilidad impotente, entenderé mucho más la pluralidad de los pareceres inentendibles de mujeres y varones, que suelen cometer los mis errores que su servidor.
Stablishment: termino del cual pocas personas entiende, que se comprende del anglicismo “establecido”, termino del cual se compromete al orden sistemático del capitalismo, para mantener el conocimiento de una sociedad, y mantenerla en un feudalismo moderno.
Encontrando este síndrome de emociones, llego a pensar que el problema normal de sociedades predestinadas a estar en el stablishment, siempre están combativas -sexualmente hablando-, en el mutuo aborto cerebral del cual nos conlleva al desperdiciar momentos laborales y complementarlas con placeres corporales. Para luego desembocar en torcidos amaneceres, de los cuales son un arrepentimiento con embarazos procaces y lamentablemente acongojados de ladinas mujeres, que solo piensan en una noche frugal de semen y orgasmos.
El sexo es todo, el punto aparte y final, sin obviar el coma –sexo oral-. El día que comprenda mejor del porque debería estar pegado a una vagina, y estar pensando con la virilidad impotente, entenderé mucho más la pluralidad de los pareceres inentendibles de mujeres y varones, que suelen cometer los mis errores que su servidor.
Stablishment: termino del cual pocas personas entiende, que se comprende del anglicismo “establecido”, termino del cual se compromete al orden sistemático del capitalismo, para mantener el conocimiento de una sociedad, y mantenerla en un feudalismo moderno.
viernes, 19 de febrero de 2010
Sin buses, pero si con muchas cervezas
Ayer no tome buses ni tampoco fui a trabajar, a pesar que debería haberlo hecho, mis respuestas encontraron un sedoso momento del cual no explayaré.
Reencontré a una amiga mía después de estar ebrio en alguna cantina, soplando el pitillo aquel y rogando un compañero de meza, para contarle mis peripecias inventadas al son de cantores y goles de un televisor ladino de emociones conspirativas.
Con aquella amiga tuve un momento, un divino conversar, mas que nada un divino deceso de frugales personalidades desenvueltas. Converse tanto y tanto que ya no recuerdo la seguidilla de comprensiones y calores creados por el momento.
Luego de un despertar prejuicioso, conseguí seguir conversando y hable hasta por los pezones de un pecho lampiño que contengo, pero no me acostumbre a ello y empecé a distinguir cohesiones creadas por mi falta de conocimiento en una palabra malgastada llamada “amistad” –que normalmente las mujeres creen que un varón y una mujer pueden ser amigos-.
Distinguiendo entre honestidad y bolsillo escape fugazmente de un hotel a un supuesto tentempié matutino -que se convirtió en la comida del día-, acompañados obviamente por unas bien heladas cervezas de las cuales eran bendecidas por el bendito vuelto de aquel cuartelero del hotel, que me regalo un vuelto capitalista y agraciado. En la exposición del momento llego la hermana de mi amiga y para luego que también su prima se encuentre en la misma meza compartiendo el cigarrillo diocesano de mediado día.
La conversa se extendió hasta muy tarde pero para mi jolgorio visual de una chica tan bella como su hermana y unos pechos preciosos de la prima –que apartadamente de todo me encanta sus lentes y sus ojos regordetes de felicidad e indiferencia-, me sentía en la gloria después de aquel vuelto bendito que encorvaba la meza de cervezas y cigarrillos.
Reencontré a una amiga mía después de estar ebrio en alguna cantina, soplando el pitillo aquel y rogando un compañero de meza, para contarle mis peripecias inventadas al son de cantores y goles de un televisor ladino de emociones conspirativas.
Con aquella amiga tuve un momento, un divino conversar, mas que nada un divino deceso de frugales personalidades desenvueltas. Converse tanto y tanto que ya no recuerdo la seguidilla de comprensiones y calores creados por el momento.
Luego de un despertar prejuicioso, conseguí seguir conversando y hable hasta por los pezones de un pecho lampiño que contengo, pero no me acostumbre a ello y empecé a distinguir cohesiones creadas por mi falta de conocimiento en una palabra malgastada llamada “amistad” –que normalmente las mujeres creen que un varón y una mujer pueden ser amigos-.
Distinguiendo entre honestidad y bolsillo escape fugazmente de un hotel a un supuesto tentempié matutino -que se convirtió en la comida del día-, acompañados obviamente por unas bien heladas cervezas de las cuales eran bendecidas por el bendito vuelto de aquel cuartelero del hotel, que me regalo un vuelto capitalista y agraciado. En la exposición del momento llego la hermana de mi amiga y para luego que también su prima se encuentre en la misma meza compartiendo el cigarrillo diocesano de mediado día.
La conversa se extendió hasta muy tarde pero para mi jolgorio visual de una chica tan bella como su hermana y unos pechos preciosos de la prima –que apartadamente de todo me encanta sus lentes y sus ojos regordetes de felicidad e indiferencia-, me sentía en la gloria después de aquel vuelto bendito que encorvaba la meza de cervezas y cigarrillos.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Olores, sudores… nuevamente un baño.
Un día realmente bueno para aquel que se mantenga fresco en una trusa o tal vez en un pantaloncillo a la cadera, pero hay algunos personajes como su servidor que tiene que subir a un Bus con un bibidi y una camisa completamente limpia, quedarse sin sudar y mantener una temperatura de Iceberg en pleno mar del Caribe, pero en este caso no puedo contener aquella calentura personal y aquel escozor que a uno lo sostiene de aquel aluminio inquebradizo del cual uno se resbala al momento de ser rozado por inflados individuos.
Claro esta el camino relleno por el pasadizo entonces, uno debe mantener la camisa al nivel –a pesar de ser freelance por el momento se planchar muy bien-, tratar de no rozarse mucho a la señito con el bebe que lo trae con los pies al techo, o del re-crujiente comensal que empieza a desayunar en el pasadizo. Ni pensar de aquella señorita que se puso a mi costado y tiene un escote que me enrumba a placeres carnales –donde solo le digo al muchachón que se calme, porque gracias a él empiezo a sudar y no hay quien me pare-, pero soy serio, perspicaz y muy caballero el cual no tiene ninguna intención de sofocarse con su excitación, entonces me doy vuelta hacia un costado pero me gano con el cóndor pasa -maldita sea un desodorante esta desde setenta céntimos-, nunca pensé que bellas señoritas que puedan tener como labor el comercio en aquella gran Avenida Abancay -si lo desean describir de otra manera, como mercado central no hay problema-.
Sofocado por los olores momentáneos, con las bubbies preciosas de una mujer y las miguitas del sanguchón de aquel hambriento ser, me digno a bajar en la Avenida Angamos, donde me encuentro sumido en una sudoración impresionante, tenia reunión en aquella institución y me digne corriendo a alquilar un hotel para un soslayo baño.
Claro esta el camino relleno por el pasadizo entonces, uno debe mantener la camisa al nivel –a pesar de ser freelance por el momento se planchar muy bien-, tratar de no rozarse mucho a la señito con el bebe que lo trae con los pies al techo, o del re-crujiente comensal que empieza a desayunar en el pasadizo. Ni pensar de aquella señorita que se puso a mi costado y tiene un escote que me enrumba a placeres carnales –donde solo le digo al muchachón que se calme, porque gracias a él empiezo a sudar y no hay quien me pare-, pero soy serio, perspicaz y muy caballero el cual no tiene ninguna intención de sofocarse con su excitación, entonces me doy vuelta hacia un costado pero me gano con el cóndor pasa -maldita sea un desodorante esta desde setenta céntimos-, nunca pensé que bellas señoritas que puedan tener como labor el comercio en aquella gran Avenida Abancay -si lo desean describir de otra manera, como mercado central no hay problema-.
Sofocado por los olores momentáneos, con las bubbies preciosas de una mujer y las miguitas del sanguchón de aquel hambriento ser, me digno a bajar en la Avenida Angamos, donde me encuentro sumido en una sudoración impresionante, tenia reunión en aquella institución y me digne corriendo a alquilar un hotel para un soslayo baño.
martes, 16 de febrero de 2010
Mañana será otro día de bus en Lima.
Bueno son tres días de bus que no conté por nada, talvez sea porque no hubo muchas cosas tan agradables, que contar.
Talvez sea porque estoy enamorado de una falacia sideral.
Mañana será otro día de bus en Lima.
Talvez sea porque estoy enamorado de una falacia sideral.
Mañana será otro día de bus en Lima.
viernes, 12 de febrero de 2010
Idas y vueltas por mi identidad
Como todo buen peruano que tiene sus deberes primordiales de existencia social para sufragar, cobrar cheques -que los tiene guardados como un mes-, ingresar a instituciones publicas, acreditar su identidad en cualquier lugar y obviamente cobrar cheques –que obviamente no las cobra-. Debe tener a mano su íntegro DNI, entonces si replico mi perdida que perjudico mi economía –porque no puedo cobrar unos malditos cheques-, seria algo tan claro. Entonces este proceso de duplicado tiene más de tres meses de planeamiento por mi persona, otros cero días de ejecución y como tres semanas de ampliación de proyecto, pero al fin pude hacerlo gracias a la administradora que tiene la empresa donde laboro como freelance; que se resume en diez minutos en el Banco de Crédito –porque yo intente en el Banco de la Nación pero la cola era mas larga que soga de vaquero- y cinco minutos más de tramite web.
Pero era algo más que lógico que yo debería recoger el duplicado del DNI, en una agencia de la RENIEC, la cual escogí por supuesta cercanía a mí domicilio, que la cual se complicó dos días de idas y vueltas buscando aquel lugar. Luego de haber escuchado al vecino, al mercader de la tienda, a la señora del bar, al chico del celular, la tía de las naranjas de la esquina y por ultimo a un sereno que se encontraba en silla de ruedas, terminaron por perderme completamente.
Al fin siendo Viernes encontré aquel lugar adentrado en Canto Grande luego de dar vueltas y vueltas, subí a una custer y le dije RENIEC, mas que listo y claro, estaba bajando en aquel paradero a cuadras de las oficinas de la cual no hablaré, porque seria liar problemas de procesos sistemáticos que solo el gobierno puede tenerlo, luego de dos horas de cola al fin me dijeron toma tu DNI, y no pierdas tu identidad nuevamente.
Pero era algo más que lógico que yo debería recoger el duplicado del DNI, en una agencia de la RENIEC, la cual escogí por supuesta cercanía a mí domicilio, que la cual se complicó dos días de idas y vueltas buscando aquel lugar. Luego de haber escuchado al vecino, al mercader de la tienda, a la señora del bar, al chico del celular, la tía de las naranjas de la esquina y por ultimo a un sereno que se encontraba en silla de ruedas, terminaron por perderme completamente.
Al fin siendo Viernes encontré aquel lugar adentrado en Canto Grande luego de dar vueltas y vueltas, subí a una custer y le dije RENIEC, mas que listo y claro, estaba bajando en aquel paradero a cuadras de las oficinas de la cual no hablaré, porque seria liar problemas de procesos sistemáticos que solo el gobierno puede tenerlo, luego de dos horas de cola al fin me dijeron toma tu DNI, y no pierdas tu identidad nuevamente.
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